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1 de febrero de 2015

Desunión Regional VI



Humberto Carrión
(Doctor en Derecho, LL.M.)


CAUSAS HISTÓRICAS DE LA DESUNIÓN EN CENTROAMÉRCIA
DESDE LA CONQUISTA HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XX

PARTE VI

LIMITACIONES DE LA ECONOMÍA DE EXPORTACIÓN 


Premisas

Las unidades territoriales que conformaron Centroamérica durante la colonia permanecieron económicamente aisladas unas de otras. El comercio interprovincial era escaso y desalentado por las altas tarifas arancelarias, por los costos del transporte y por la política comercial monopolista de la metrópolis española. Incluso, el acceso a las corporaciones de comerciantes en España fue limitado e irregular. Un reducido número de puertos en Centroamérica fue autorizado para embarcar y desembarcar mercaderías, que solo podían ser enviadas o recibidas del puerto de Cádiz o Sevilla. Además, las provincias de la región estaban alejadas de las rutas marítimas principales. Mucho tiempo debía pasar antes de que una flota mercante-militar de la metrópolis arribara a puerto centroamericano, particularmente después de la derrota de la Armada Invencible en 1588


Batalla de la Armada Invencible, 1588


Hacia los inicios del siglo XIX las provincias de la región tenían paralizadas las actividades de producción y comercio, no solo con España, sino que entre ellas mismas puesto que habían sido organizadas como unidades económicas y administrativas autosuficientes, cada una produciendo los mismos productos básicos. En 1821, año de la independencia, no existían pues ni las condiciones ni las posibilidades del comercio intrarregional. Ya a finales del siglo XVIII la situación era tan difícil que la Capitanía General no tenía fondos para pagar los gastos corrientes de la administración. El déficit anual lo cubrió el tesoro mexicano hasta la independencia.

Fue hasta después de la independencia y de la adopción de una libre política de comercio que las exportaciones de la región comenzaron a crecer. De hecho se duplicaron entre 1821 y 1825 hasta que las guerras civiles y la política intervencionista de los caudillos crearon una inestabilidad casi permanente en todos los sectores de la vida social, salvo en Costa Rica. Los conservadores que gobernaron entre 1840 y 1870 proveyeron una relativa estabilidad política a pesar de la activa e incluso agresiva diplomacia de las potencias anglosajona y angloamericana; y de la aventura de William Walker y de su "destino manifiesto". Sin embargo, el crecimiento económico de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua encontraron obstáculos significativos en la rígida organización jurídica y social de la época. No fue pues casual que entre los 1870 y los 1890 los líderes liberales encontraran su principal apoyo en los grupos sociales y económicos descontentos que tenían una mentalidad pro capitalista.

En el último cuarto del siglo XIX los liberales en toda Centroamérica encomiaron la carrera hacia el lucro, adoptaron el sistema de propiedad privada contenida en las leyes francesas y facilitaron el desarrollo del crédito para la producción y exportación del café. Guatemala incrementó su producción de 47.6 millones de libras en 1884-85 a 66.1 millones en 1899-1900 mientras que en 1854, durante el régimen conservador, la cochinilla alcanzó la cosecha pico de 2.5 millones de libras. En El Salvador la producción de café pasó de 20 a 48.9 millones de libras en el mismo período indicado, en comparación con 2.2 millones de libras de índigo en 1850. (Fuente: Naciones Unidas).

Esta actividad mono exportadora fue la única posible dadas las circunstancias. Las economías industriales en expansión de los ahora países desarrollados crearon las condiciones para que los países del área se convirtieran en proveedores de materia prima agrícola requerida en el mercado internacional. Como desde un inicio la región careció de una base tecnológica y de recursos de capital, los vertiginosos descubrimientos tecnológicos y los procesos industriales en Europa y los Estados Unidos fueron conocidos solo como bienes y servicios de consumo.

Por otro lado, los préstamos extranjeros no fueron suficientes para financiar los proyectos de infraestructura necesarios para la economía de exportación. Sus términos eran muy onerosos, y las comisiones y descuentos de su valor nominal establecidos por los bancos ingleses significaba que los países prestatarios recibían una fracción del valor contratado. Los gobiernos de la región se encontraron en la imposibilidad de terminar los proyectos iniciados, y por esta razón tuvieron que recurrir a las compañías bananeras de los Estados Unidos para finalizar proyectos de construcción de puertos, ferrocarriles y sistemas de telecomunicación, a cambio de concesiones generosas a largo plazo de tierras, la propiedad o la administración de las obras construidas, repatriación libre de capital y exenciones fiscales.

Paradójicamente mucha de esta infraestructura no fue apta para el desarrollo interno de los países del área, particularmente en Honduras, donde se construyeron puertos y ferrocarriles exclusivamente en beneficio de las empresas bananeras. Tampoco los salarios pagados a los miles de trabajadores en las plantaciones fueron suficientes para estimular un mercado nacional puesto que la demanda de manufacturas se satisfacía en los comisariatos de las empresas extranjeras, que ofrecían productos introducidos al país libre de impuestos.


Carga del banano en aquella época

Como hemos mencionado en otra ocasión, las experiencias individuales en Honduras y Nicaragua fueron distintas en relación a la formación de las economías exportadoras. Fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial que Nicaragua fue capaz de consolidarla ya que las guerras civiles, la Guerra Nacional y la posterior intervención y ocupación de los EE.UU. tuvieron como consecuencias el retraso del proceso agro-exportador. En Honduras, la exportación de café apenas comenzó en los años posteriores al conflicto bélico mundial. Los intereses locales en esa actividad productiva carecían del poder y por tanto del control sobre los recursos de tierra, financieros y mano de obra necesarios para organizar de manera efectiva la economía de exportación. En otras palabras, no estaban en grado de competir con las grandes empresas bananeras, alrededor de las que giraba la política del país puesto que "las reformas liberales no llegaron realmente a consumarse, y a Honduras le faltó una propia economía nacional de exportación." (Traducido de Carlos M. Castillo, Growth and Integration in Central America, 1966).  Mientras Guatemala y El Salvador exportaron un promedio anual de 102.5 y 96.8 millones de libras de café respectivamente entre 1920 y 1930, Honduras exportó apenas un promedio de 2.5 millones y Nicaragua 29.2 millones de libras. (Fuente: FAO).

La crisis del sector exportador

En todo caso, las limitadas políticas económicas de todos los países centroamericanos, es decir, la exportación de un producto agrícola principal y la importación de manufacturas, condujo a desequilibrios y distorsiones macro económicas considerables: déficit en la balanza de pagos, déficit fiscales y fluctuaciones en los precios internos, que afectaron negativamente el curso de la economía de la región hasta mediados del siglo XX. Una de las causas principales de estos desequilibrios fue el sistema monetario bimetálico heredado de la colonia. La crisis se manifestó en el último cuarto del siglo XIX, precisamente cuando el sector exportador estaba creciendo. El precio de la plata cayó con el descubrimiento y explotación de nuevos depósitos mundiales, y el oro escaseó --aumentando su valor-- como resultado de la adopción del patrón oro en los países industrializados y del agotamiento de las vetas en California. Así las cosas, la plata perdió su valor de cambio en el mercado internacional cuando los gobiernos centroamericanos estaban tomando medidas para adoptar el patrón plata como sistema monetario único.

El continuo aumento del precio del oro frente al de la plata constituyó un obstáculo real a los intentos de organizar los regímenes económicos en la región, dado que las importaciones se pagaban en oro y se vendían internamente por plata. Fue solo entre 1900 y 1924 que todos los países del área adoptaron el patrón oro, que tuvo sin embargo un comienzo precario. La emisión de papel moneda sin el suficiente respaldo en oro redujo su valor de cambio y se agravó el fenómeno inflacionario. Posteriormente la depresión y recesión mundial de los años 30 y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) evitaron la constitución de un sistema monetario estable. Este objetivo se logró solo en los años posteriores a la guerra, cuando el volumen del comercio internacional recuperó y superó sus niveles anteriores; el precio del café aumentó; y se creó el Fondo Monetario Internacional como mecanismo estabilizador de las monedas de los países miembros.

La segunda causa histórica de desequilibrios macro económicos en la región ha sido el deterioro periódico del precio del café en el mercado internacional. Las grandes cosechas en Brasil o la baja demanda del mercado en ciertos períodos de crisis mundiales han tenido como resultado la reducción del precio y de la demanda anual del café centroamericano, que pasó del 2 por ciento entre 1882 y 1930, al 0.2 por ciento entre 1930 y 1945. El crecimiento en la demanda de bananos difícilmente alcanzó el 1 por ciento anual entre 1926 y 1955. (Fuentes: Naciones Unidas, V.D. Wickizer y J. Wolf).

Esta reducción y estancamiento de las exportaciones se debió también a las medidas proteccionistas adoptadas por los gobiernos europeos y de los Estados Unidos en la década de los 30 para proteger sus propios mercados y su balanza comercial. Esas medidas fueron cuotas a la importación, aranceles aduaneros más altos, impuestos al consumo y acuerdos preferenciales con países distintos a los centroamericanos. Los EE.UU. readoptaron el sistema de cuotas durante los años 40, pero las causas principales a largo plazo del estancamiento de las exportaciones centroamericanas fueron la introducción de las frutas procesadas y enlatadas en los mercados desarrollados, y la saturación de la oferta de café y bananos en esos mercados. La participación de la región en el mercado mundial del café pasó del 18.3 por ciento en 1900 al 9.5 por ciento en 1960, mientras que la participación bananera pasó del 54.1 por ciento entre 1920 y 1928 al 36.7 por ciento entre 1933 y 1957. (Fuentes: Naciones Unidas y Antonio Di Fulvio). 

Causas adicionales del declive de la producción y exportación de bananos han sido la destrucción de las plantaciones por catástrofes naturales --huracanes y enfermedades de la fruta--, la agitación laboral esporádica en las plantaciones, las decisiones judiciales anti monopolio en los Estados Unidos contra la United Fruit Co. y las modificaciones de la estrategia de esa compañía en la producción de la fruta en Centroamérica.

Los efectos de la crisis en el desarrollo interno de los países de la región

Las crisis económicas internas provocadas por las fluctuaciones de los precios de los productos agrícolas en el mercado internacional debilitaron la capacidad de los países del área para alcanzar un desarrollo económico sostenido. 

Las pautas tradicionales de las crisis en Centroamérica han sido muy conocidas. Los precios de las exportaciones caen, se reduce el acceso a las divisas y se agotan las reservas. El crédito, las importaciones y los ingresos de los gobiernos disminuyen, aumenta el desempleo y se reduce el uso de la capacidad de producción. La mayor parte del peso recaía sobre los trabajadores del sector exportador debido a la pérdida del trabajo o porque recibían salarios más bajos. Esto reducía las pérdidas de los propietarios de las plantaciones, quienes además obtenían moratorias en el pago de sus deudas comerciales. Un equilibrio precario podía ser mantenido por un tiempo porque una parte de los desempleados eran reabsorbidos por la economía rural de subsistencia. Aquéllos que permanecían en las plantaciones producían sus propios alimentos. (Traducido de Carlos M. Castillo, op.cit.).

Entre 1930 y 1945 el estancamiento económico de la región y la crisis del modelo se hizo sentir cuando los precios del café y del banano experimentaron su caída más drástica y persistente. En la década de los 30 en particular los ingresos públicos --impuestos a la exportación y a la importación-- y las reservas monetarias se redujeron en un 50 por ciento en la región. Por otro lado el precio de los productos de consumo aumentó sensiblemente como resultado de la depreciación de las monedas nacionales y los gobiernos no estuvieron en grado de pagar el servicio de la deuda externa, perdiendo el acceso a los centros financieros internacionales; y la inversión privada directa disminuyó en un 40 por ciento. A pesar de este dramático escenario los grupos dominantes no hicieron esfuerzo alguno para diversificar las economías nacionales, para introducir cambios en las estructuras productivas, ni para aumentar la productividad de la existente.

Era evidente que el sistema económico y de relaciones sociales creado por los liberales del siglo XIX se había agotado y que ya no era capaz de crear empleos ni expectativas de desarrollo para la creciente población, que pasó de 5.3 a 7 millones entre 1930 y 1945. Las dictaduras militares y represivas proliferaron en cuatro de los cinco países del área para preservar el estado de cosas: Jorge Ubico en Guatemala hasta 1944; Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador también hasta 1944; Tiburcio Carías en Honduras hasta 1948; y Anastasio Somoza García en Nicaragua hasta 1956. Los Estados Unidos, como potencia hegemónica incontrastada en el hemisferio occidental, desarrollaron su política de alianzas con los dictadores de turno en Centroamérica para proteger sus intereses geopolíticos en lo que llamaron su "patio trasero". Ya no era España, ni Inglaterra, ni Francia, ni Alemania, ni Japón la nación rival, sino que una más temible, la Unión Soviética.


Centroamérica es el centro del continente 


El sector alimentario

El establecimiento de la economía de exportación en Centroamérica no se tradujo en cambios sustanciales que condujeran a realmente nuevas estructuras económicas y sociales. Como hemos ya indicado, el proceso de transformación se limitó solo a algunos subsectores --la producción agrícola para la exportación, importación, transporte, banca, seguros y telecomunicaciones. La producción de alimentos para los mercados internos continuó más que todo sobre la base de la economía de subsistencia. Las actividades de transformación manufacturera quedaron en el nivel rústico y artesanal. Además, los sistemas internos de transporte y comunicaciones se crearon solamente en las zonas urbanas y en las plantaciones de café y bananos. Muy poco fue hecho en otras áreas para facilitar el proceso de integración nacional.

Por otra parte, con el mayor valor atribuido a la producción para la exportación y las políticas económicas que favorecían el esquema exportación de café-importación de manufacturas, los grandes propietarios de tierra no tenían incentivos para producir comercialmente granos y otros productos básicos de consumo. Fue de esta manera que el sistema económico de producción agrícola se dividió en un sector monetizado --la producción para la exportación-- y otro no monetizado o solo parcialmente monetizado --la economía de subsistencia. Este último se refiere a los pequeños productores asentados en los mini y medio fundios, desplazados a tierras marginales y pobres, alejados de los medios de comunicación y transporte, y sin acceso --o con un acceso limitado-- al crédito, los insumos y la tecnología. Sin embargo, este era el sector que producía granos básicos y otros productos esenciales para los centros urbanos, que a mediados del siglo XX contenían solo el 25 por ciento de la población. Como consecuencia, el sector agrícola alimentario permaneció estancado. (Castillo, 1966).

En ausencia de tarifas arancelarias de protección o de otras medidas de gobierno para la promoción de la producción local, la escacés creciente de alimentos se superaba con las importaciones. Las políticas liberales tendieron a perpetuar el aislamiento del sector alimentario frente a la economía monetizada, en favor de la economía de exportación. Siendo inexistentes los cambios radicales en la productividad del sistema, la monetización del sector alimentario habría aumentado los salarios pagados en las plantaciones de café ... con el correspondiente deterioro en los márgenes de ganancia. En adición, el pago de mayores precios por granos básicos habría constituido una fuente alternativa de dinero para los pequeños productores [minifundio], haciendo más difícil la consecución de mano de obra para las plantaciones durante las cosechas. Sucedió entonces que el sector alimentario no fue monetizado, los trabajadores permanentes en las plantaciones produjeron sus propios alimentos, los márgenes de ganancia se mantuvieron altos y el mercado de alimentos se conservó reducido. (Traducido de Carlos M. Castillo, op.cit.).

En 1950 la población rural sumaba 5.9 millones de personas equivalentes al 74.7 por ciento del total, de las que 2 millones aproximadamente eran económicamente activas. De éstos solo unos 100 mil eran trabajadores totalmente asalariados (jornaleros) de los que un 80 por ciento se encontraba en las plantaciones de banano. En las plantaciones de café solo una minoría de trabajadores recibía en efectivo el 100 por ciento de su jornal. Por otro lado, los campesinos sin tierra representaban el 26.4 por ciento de la población rural y los minifundios el 52.2 por ciento. El índice de analfabetismo en el agro alcanzaba el 80 por ciento, excepto en Costa Rica, donde llegaba al 28 por ciento. De esta manera los bajos ingresos y el aislamiento del sector campesino, frente a las economías nacionales, explican por qué ese sector, tan importante en número representaba solo el 10 por ciento del total del circulante en la región. (Fuentes: Naciones Unidas y Unión Panamericana).


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Vídeo sobre el comercio  iberoamericano durante la Colonia