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1 de febrero de 2015

Desunión Regional IV


Humberto Carrión
(Doctor en Derecho, LL.M.)



CAUSAS HISTÓRICAS DE LA DESUNIÓN EN CENTROAMÉRCIA
DESDE LA CONQUISTA HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XX

PARTE IV


LA FORMACIÓN DE LOS ESTADOS NACIONALES


La revolución liberal y las economías cafetaleras en Guatemala y El Salvador


Planta de café
La producción del café necesitaba un cambio radical en el régimen de la tenencia de la tierra, el crédito agrícola, la disponibilidad de la fuerza de trabajo y en la infraestructura física. La Revolución Industrial europea y la consiguiente expansión comercial sentó las bases para que estos cambios se pudieran realizar en Centroamérica. La demanda de café en última instancia ayudó a convertir la región en un productor de materias primas para el mercado internacional. En pocas palabras, las anteriores colonias españolas estaban por vincularse de manera definitiva y subordinada a los mecanismos del capitalismo internacional establecidos por Gran Bretaña y Alemania primero, y los Estados Unidos después.

La clave de la estabilidad política relativa en Honduras y El Salvador había sido la Guatemala de Rafael Carrera hasta 1865. En ese año Carrera murió y para mediados de 1871 los liberales habían tomado el poder --por medio de revueltas-- en esos tres países. Con la excepción de Nicaragua y Honduras, Centroamérica "marchó hacia el mundo moderno bajo el liderazgo de hombres vigorosos que tomaron conciencia de la historia y que basaron sus acciones en los escritos positivistas del día." (Traducido de la obra de Mario Rodríguez, Central America, 1965).

En 1871 el caudillo militar Justo Rufino Barrios al frente del gobierno de Guatemala comenzó la transformación del país y de la sociedad alrededor del cultivo del café, y tomó el lugar de Carrera como hacedor de presidentes en la región hasta su muerte en 1885. Barrios eliminó el poder político y los intereses económicos de los conservadores y de la Iglesia, y sustituyó las instituciones hispánicas que les habían servido, adoptando una nueva legislación civil y comercial. 

Barrios confiscó sin indemnización las tierras de la Iglesia y muchas de las tierras comunales de los pueblos indígenas y de los municipios, que fueron vendidas a precios de favor o distribuidas gratuitamente a miembros de la clase media, y a inmigrantes europeos posteriormente, para ser plantadas con café. También favoreció el ingreso del capital extranjero; promovió la construcción de caminos, puentes, puertos y ferrovías; instaló plantas de energía eléctrica y una red de telégrafos; y subsidió compañías navieras extranjeras, todo con la intención de hacer posible la producción, el transporte y la comercialización del grano de café. Con igual vigor obligó a la población india a trabajar en las plantaciones y en las obras públicas de infraestructura.

Los indios que habían sido desalojados de las tierras comunales pasaron a conformar la nueva fuerza de trabajo en las plantaciones de café, que continuó siendo semigratuita, pero en el contexto de una nueva estructura económica que significó en Guatemala el inicio del desarrollo económico y social capitalista. 

Reformas similares fueron instituidas en El Salvador por Gerardo Barrios cuando la demanda externa del índigo cayó completamente. La salvedad en este país fue que la fuerza de trabajo la conformaron los mestizos puesto que la población indígena había ya desaparecido casi en su totalidad. En Costa Rica los cambios en la estructura de producción fueron graduales, aunque el resultado fue el mismo que en Guatemala y El Salvador, o sea, el establecimiento de una economía agraria de exportación dependiente de las fluctuaciones del mercado internacional sobre las que no ejercían algún control. 

Grano para exportar
Por otro lado, la legislación favorable y la actitud positiva en esos países frente a la inversión y la inmigración de europeos para atraer el capital y los conocimientos técnicos que requería el cultivo del café, unido a la nueva infraestructura para incrementar rápidamente su producción, permitió a personas naturales y jurídicas inglesas y alemanas convertirse en los principales comercializadores del producto, y en propietarios de instituciones financieras, tierras y compañías de seguros. En 1888 en Costa Rica habían alrededor de 7 mil europeos vinculados directamente con la producción y la comercialización del café. En Guatemala, en la década de los 30 del siglo XX, los alemanes eran ya propietarios del 22.2 por ciento de las haciendas de café, representando el 46.7 por ciento del total del área plantada. En El Salvador eran dueños del 2.6 por ciento de las plantaciones, correspondiente al 12.6 por ciento de la superficie cultivada. (Fuente: The World's Coffee, International Institute of Agriculture, FAO, 1947).

Los hombres responsables de las reformas, y sus beneficiarios, provenían de los sectores medios urbanos y rurales, cuyos intereses económicos y sociales habían sido descuidados por los conservadores. Eventualmente --en el siglo XX-- en Guatemala y El Salvador se consolidó el poder económico y político en las manos tanto de liberales como de conservadores cuando estos últimos participaron necesariamente en la economía del café. Así se facilitó la organización de los estados nacionales, y las pugnas políticas que siguieron fueron solo una expresión de las luchas de facción dentro de la clase dominante extendida. 

En los dos países en mención se instituyeron dictaduras militares para realizar y proteger los programas económicos nacionales. Los ideales republicanos de los primeros liberales habían sido descartados en base a una realidad social, económica y cultural que inclinó definitivamente la balanza de la historia hacia la centralización del gobierno y el autoritarismo, con la finalidad de asegurar la estabilidad política y la fuerza de trabajo que requería la economía agraria de exportación. En este contexto, el ejército jugó el papel del árbitro en los asuntos políticos relacionados con la promoción y la defensa de los intereses de la nueva clase dominante. Por otro lado, los cónsules de Alemania e Inglaterra ejercieron su influencia para obtener concesiones comerciales en beneficio de sus respectivos nacionales, y "[estos] invaluables aliados de la oligarquía terrateniente y del capital extranjero insistieron en la estabilidad y la amistad de los gobiernos para hacer posible su prosperidad". (Traducido de Mario Rodríguez, op.cit.). Los ingleses en particular practicaron la diplomacia de las cañoneras, lo que cerró el círculo del condicionamiento y de la dependencia de decisiones económicas y políticas que se tomaban en el exterior. 

Este nuevo sistema de producción tenía sus fundamentos en la sobre explotación de la mano de obra y en la concentración de la tierra y de la riqueza --el impuesto sobre la renta era todavía contrario a la filosofía liberal. Lo anterior evitó el surgimiento de un mercado interno suficiente que estimulara la producción industrial. La ausencia de tecnología, capital, capacidad empresarial y mano de obra calificada fueron también factores que condicionaron el crecimiento económico y el desarrollo social. No obstante, hacia finales del siglo XIX apareció en Guatemala, El Salvador y Costa Rica un reducido proletariado urbano en la industria textil, de bebidas, de alimentos y en otras pequeñas industrias, aunque el comercio intrarregional siguió siendo insignificante puesto que las economías centroamericanas producían lo mismo y no llegaban a ser complementarias.

Lo que se logró fue un incremento considerable del comercio exterior. Algunos sectores exportadores estuvieron incluso en grado de crear sus propias instituciones de crédito, pero los patrones de consumo de los productores consistieron en la importación de bienes manufacturados en el extranjero.  El contacto con el mundo capitalista situó a las economías de Centroamérica como un apéndice agrícola, como productoras de materias primas que se intercambiaban de manera desigual con productos elaborados. 

El caso de Nicaragua y Honduras 

En Honduras y Nicaragua no se crearon estructuras productivas tan extensas como en el resto de los países de la región debido a que no se conformaron grupos económicos y sociales fuertes que ocuparan el poder para transformar la sociedad. Las principales actividades económicas nacionales continuaron siendo la ganadería, algo de café y los granos básicos. La minería y el corte de madera se realizaba por compañías inglesas al margen de la vida económica de los dos países. En Nicaragua fue hasta 1893 que los liberales al mando de José Santos Zelaya comenzaron las reformas para sentar las bases de una producción más dinámica del café y de la economía de exportación. En 1894 el caudillo reincorporó la Mosquitia --que estaba en manos inglesas-- con el apoyo de los Estados Unidos. Desde entonces los intereses de este país reemplazaron los intereses británicos, particularmente en las actividades mineras, la explotación de los recursos madereros y el comercio incipiente del café. Las reformas liberales en Nicaragua fueron similares a las de Guatemala y El Salvador, y como ahí, se impuso un sistema capitalista agrario sobre una estructura atrasada de producción, sin sustituirla.

En Honduras el capitalismo agrario fue introducido por compañías bananeras estadounidenses casi a finales del siglo XIX. La salvedad fue que operaban exclusivamente para el mercado de los Estados Unidos como compañías extranjeras, al margen de la economía hondureña. Honduras llegó a ser el mayor productor de bananos en el área, y el único país en que los bananos fueron el principal producto de exportación. Aquí no se logró la integración de la nación, y las compañías extranjeras que controlaban las plantaciones se convirtieron en un factor decisivo alrededor del que giraban los intereses políticos y militares locales.

La United Fruit Co. en particular, constituida en 1899, creció hasta llegar a ser una de las más grandes corporaciones de los Estados Unidos involucradas en operaciones internacionales, y se convirtió en la mayor empresa bananera del mundo, ejerciendo su influencia en la política de Honduras, Guatemala y Costa Rica para obtener todo tipo de concesiones y exenciones fiscales.

La United Fruit Co. eventualmente estableció por muchos años un monopolio en la región sobre la producción de bananos, su comercio, el sistema de transporte ferroviario y marítimo, y la red de telecomunicaciones. La compañía construyó, fue propietaria o administró ferrocarriles, puertos, una flota naviera, un sistema de telégrafo y teléfonos, y mucha tierra. Fue además favorecida por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (1914-18) puesto que los intereses europeos en el área prácticamente desparecieron. Por demás, en 1929 compró la Cuyamel Fruit Co., su principal competidor.




La United Fruit constituida en la primera gran empresa multinacional en Centroamérica no solo transportaba su producción de bananos a los Estados Unidos y Europa Occidental, sino que también la producción local de café --con fletes a precio de monopolio--, que fue parte del proceso por el que los intereses económicos de los Estados Unidos reemplazaron aquéllos de los ingleses y alemanes. En este sentido la inversión privada directa de los EE.UU. en la región pasó de 11.5 millones de dólares en 1897 a 201.7 millones en 1929, mientras que la inversión de Gran Bretaña y Alemania sumaba 68 millones de dólares a principios de 1914. Entre 1910 y 1920 intereses norteamericanos llegaron a controlar todas las plantas generadoras de energía en el área (antes estaban en manos de compañías inglesas y alemanas), y en 1920 el intercambio comercial con los EE.UU. llegaba ya al 53.4 por ciento del total, en comparación con el 17.5 por ciento con Alemania y el 13.0 por ciento con Gran Bretaña. Por otro lado, al final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la United Fruit Co. poseía el 20.4 por ciento del total de la tierra cultivable de Honduras, Guatemala, Costa Rica y Panamá. (Fuente: United Nations, ECLA, External Financing in Latin America, 1965).


La ruta del banano a los puertos de los EE.UU.


La hegemonía política y económica de los Estados Unidos

Desde finales de los 1890, después que los EE.UU. había ocupado todo su territorio continental, su política sobre el Caribe y el istmo centroamericano fue formulada por razones de orden geoestratégico. La intención era evitar que estas áreas continuaran siendo colonias de otros países (Cuba, Puerto Rico) o que pudieran caer en la órbita de potencias rivales aprovechando la inestabilidad interna en algunos países (Haití, República Dominicana, Nicaragua); y promover y proteger las inversiones y el comercio de sus nacionales. Esto fue aún más evidente después de diciembre de 1901 cuando el Senado de los Estados Unidos ratificó el Tratado Hay-Pauncefote con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, lo que le permitió a los EE.UU. moverse agresivamente en función de la construcción de la ruta interoceánica por Panamá, bajo su dirección y control exclusivo.

Como la inestabilidad política era constante en Centroamérica y el Caribe, para prevenir la injerencia de potencias extranjeras en el área con el fin de proteger intereses económicos y financieros (incluyendo el cobro de préstamos usando la fuerza), el Presidente Teodoro Roosevelt anunció en 1904 su Corolario a la Doctrina Monroe. De esta manera los EE.UU. unilateralmente se reservaban el derecho de intervenir en los países de América Latina y el Caribe para proteger y extender sus propios intereses, y para ampliar su área de influencia.

Debido a que todos los países centroamericanos estaban fuertemente endeudados con bancos europeos, y para asegurar que su dependencia económica y financiera cambiara hacia los Estados Unidos, Washington impulsó a los gobiernos de la región para que contrataran nuevos préstamos con banqueros de los EE.UU. y cancelaran así la deuda con los europeos. 

Después del corolario de Roosevelt a la Doctrina Monroe, las administraciones del mismo Roosevelt, Taft, Wilson y Coolidge asumieron funciones de policía naval en el área, que se materializaron con la intervención y ocupación casi ininterrumpida de Nicaragua entre 1912 y 1933. Paradójicamente, la inestabilidad política de Nicaragua fue causada por los mismos Estados Unidos cuando obligaron a renunciar a Zelaya a la presidencia de la república porque antepuso los intereses del país a los de la potencia extranjera --negociación de un préstamo con bancos de Londres; negativa de concederle derechos lesivos para Nicaragua; interés de construir un canal en los mejores términos posibles para el país.

Las consecuencias de la intervención fueron el establecimiento de un gobierno conservador apoyado por los EE.UU., la interrupción de las reformas liberales y de la economía agro-exportadora, el control inmediato de los Estados Unidos sobre la política y las finanzas de Nicaragua, y la gesta defensora de la soberanía nacional de Benjamín Zeledón primero y Augusto C. Sandino después. Otra consecuencia de la intervención fue el establecimiento de la dinastía de los Somoza entre 1937 y 1979, año en que Anastasio Somoza hijo fue desalojado del poder por la fuerza de las armas.


Sandino, en el centro, con su estado mayor


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Vídeo sobre Augusto César Sandino