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1 de mayo de 2017

La Posibilidad de Abusar


La Posibilidad de Abusar
(O el origen de un profundo desprecio)

Hasta hace algunos años en El Nuevo Diario de Nicaragua se publicaba semanalmente una columna que se llamaba “Hablemos del Abuso Sexual”. Se trataba del abuso en niños, niñas y adolescentes denunciado por sicólogas nacionales, con el fin de tratar de educar y advertir sobre la necesidad de prevenir y erradicar esa práctica delictiva. Algunas de esas sicólogas fueron tan valientes como para escribir públicamente de sus propias experiencias del abuso sufrido siendo niñas y adolescentes. 

En un momento determinado me interesé en leer la columna, y comprendí que el abuso también se puede referir a las jóvenes que están saliendo de la adolescencia en circunstancias particulares. Y no solo, comprendí además por qué ese abuso tiene consecuencias emocionales y sicológicas profundas, e incluso permanentes.

Desafortunadamente El Nuevo Diario fue adquirido por un grupo económico y financiero allegado al círculo de poder, cuyo máximo exponente (el del poder) ha sido señalado en múltiples ocasiones, y documentado, como violador de una menor, que era su hijastra. Ese individuo es inmune e impune ante la justicia por la complicidad del poder judicial, que está bajo su total control y del de su esposa. 

La columna periodística a la que me refiero fue suspendida por supuesto, y la madre de la entonces niña abusada es ahora la vicepresidente del país, junto con su marido como presidente, el autor de los abusos.

Así paga el abusador el apoyo de su “leal” esposa. Y aparentemente no está mal el precio pagado por tal extorsión. Ambos tienen hijos e hijas en común que ya están en el círculo de poder preparando su turno en la sucesión. Y todos son ricos en dinero y en empresas como familia e individualmente.

La que sigue es otra de esas historias que considero de abuso, aunque atípico, que relato con fines educativos y preventivos, particularmente porque preocupa que no se hagan las denuncias correspondientes para que se sepa la verdad sobre los abusadores. Y no es justificación el silencio puesto que las consecuencias sicológicas y emocionales del silencio son peores, tratando siempre, en la medida de lo posible, de no poner en evidencia a la abusada ni a sus padres en vergüenza.

La historia: la joven había ingresado al primer año a una universidad en Managua, y estando en ese primer año contrajo matrimonio con su novio, puesto que deseaba continuar estudios en el exterior con su joven esposo, quien se graduaría de la misma universidad meses después; y para desarrollarse y crecer juntos en igualdad de condiciones. Ese era el plan.

Uno de sus profesores era el hijo mayor de una gran amiga de la mamá de la joven, se había graduado en leyes y en sociología en el extranjero, y la conocía desde niña debido también a que ella era muy buena amiga de la hermana menor del profesor. Él le llevaba más de ocho años de diferencia, estaba casado desde algunos años atrás y tenía una bebita.

Desde hacía un tiempo la joven estaba en tratamiento con un médico siquiatra, quien le había prescrito un ansiolítico por aquello de la ansiedad y depresión que le produjo el terremoto de Managua de finales de 1972, la destrucción de la ciudad, los daños a las propiedades de la familia y otras razones. (Dicho sea aquí que un solo trago de licor mezclado con ese ansiolítico en una persona no acostumbrada a beber, podía producir un efecto desinhibidor multiplicador, lo que de hecho sucedió en su momento).

El profesor sabía que su alumna estaba casada, que estaba en tratamiento médico, y sabía quién era el  esposo. Aun así comenzó a seducirla. Le dio a leer material escrito por él en la revista de la universidad sobre la ausencia pos-terremoto de normas morales de comportamiento, instruyéndola, además, en privado por supuesto, sobre la futilidad del matrimonio (que no debía existir) y haciendo la referencia obligada a su propia insatisfacción marital; siguieron los halagos, lo que el joven esposo llego a conocer con posterioridad.

El profesor se hizo pasar por amigo de ella por la relación de amistad familiar mencionada, y logró su propia gratificación aprovechando la influencia que tenía sobre la joven por las características de cada quien en el momento, según lo descrito arriba. En pocas palabras el profesor no tuvo ni moral ni escrúpulos para lograr sus fines.

El esposo de la joven llegó a saber la verdad de las cosas cuando ella se las reveló, creyendo que todo estaba bien. Al realizar su equívoco tuvo un colapso emocional, y el esposo la acompañó poco días después donde el médico siquiatra para tratar de entender lo sucedido. 

Los padres de la joven también consultaron con el médico, cuando ella ya había comprendido su error y había intentado quitarse la vida, diciendo que no sabía qué le había pasado y que no era ella. El médico fue realmente un inepto en la interpretación de los hechos. No sabía absolutamente nada de sicología, solo de prescribir fármacos, y causó más daño que bien.

El profesor por su lado se había también hecho pasar por progresista y colaborador de un grupo político-militar clandestino de izquierda para impresionar a su alumna, pero no fue el médico siquiatra quien descifró el por qué de lo acontecido, y trató de justificar el comportamiento de la joven en términos ideológicos de aquella época, es decir en contra de "la moral burguesa". En pocas palabras se equivocó. Fue el padre de la joven quien concluyó que su hija se encontraba en un estado de confusión, inestabilidad y vulnerabilidad emocional, saliendo de la adolescencia.

El esposo decidió no denunciar el abuso a las autoridades superiores de la universidad para evitar una posible expulsión de la joven, de lo que se arrepintió después ya que ella tenía todas las circunstancias atenuantes  y probablemente eximentes de responsabilidad y el abusador todas las agravantes.

Años después, en la entonces columna habitual de El Nuevo Diario sobre el abuso sexual, se publicó un artículo cuyo título fue algo así como “La forma de operar de los abusadores sexuales”, escrito por una sicóloga con experiencia clínica. Eso impactó al ya no joven esposo, a quien conozco, puesto que siempre buscó en el tiempo una respuesta racional a lo sucedido, y comprendió que quizás la esposa no había tenido responsabilidad en el asunto por haber sido víctima de un abusador, aunque atípico.

Eso en parte le fue expresado al esposo cuando acudió posteriormente a la profesional mencionada para hablar del tema, y confirmó lo del abuso, por la posición de influencia del  profesor sobre una jovencita que se encontraba saliendo de la adolescencia en las circunstancias descritas. 

El abusador escribe ahora regularmente en la página de opinión de un diario de Nicaragua para decirle a los lectores qué deben hacer y cómo deben vivir sus vidas, es decir en abstinencia los no casados y en fidelidad conyugal los casados, y predica sobre ética y moral porque “escuchó un llamado” tiempo atrás, afiliándose a una de las organizaciones más ortodoxas y conservadoras de la Iglesia Católica, el Opus Dei.

Dado que ese personaje cree que está en una misión moralizadora de las relaciones sexuales, provee su dirección de correo electrónico en el diario donde escribe, por lo que recibió tremendo susto cuando le llegó correo en el que se le decía la verdad sobre su persona, sin insultar ni ofender. Respondió haciéndose pasar por su esposa pidiendo perdón y diciendo un sinnúmero de tonterías. Le fue dicho que no al  perdón, y fue enviado a un perenne y profundo desprecio, así como que se mantuviese alejado de los ofendidos cuando por casualidad se encontrasen en el mismo lugar en cualquier evento.

Espero que esta historia tenga alguna utilidad preventiva. No hay otra intención. Es mejor sin embargo hacer la denuncia  en su momento y donde corresponda cuando sucedan cosas como la aquí relatada, y otras más.