Translate

19 de septiembre de 2013

La Música I


LA MÚSICA 

(Primera de Tres Partes)





Esto es sobre la música, cualquier música y de cualquier lugar del mundo, y no fue inventada por los griegos aunque el término venga de mousiké, es decir de las musas en griego clásico. Estoy cierto que anteriormente los mesopotámicos, egipcios, chinos, indios, olmecas, mayas, incas y demás tuvieron otro término para la música, y no solo ellos.

Comencé a escuchar música en equipos de alta fidelidad en Managua y en vivo a finales de 1969, a mis 17 años. Y alta fidelidad de verdad. En equipo con componentes separados y fabricados en distintos países. Así era entonces, y la música se reproducía en discos de vinilo. El equipo fue adquirido por mis padres en puerto libre en Panamá: Amplificador integrado hecho en Japón, tocadiscos hecho en la Repúbica Federal Alemana, tocacasetes también hecho en Japón (mejor el vinilo), y altoparlantes hechos en los Estado Unidos.  


Mi padre, quien nació en 1923 en Masaya, Nicaragua, y creció en Managua, fue el primer nicaragüense en graduarse como Doctor en Derecho (J.D.) en los Estados Unidos. Antes se había bachillerado con todos los honores en el Colegio Centroamérica de Granada (Compañía de Jesús), y el J.D. lo obtuvo en la Louisiana State University (L.S.U.), Baton Rouge, en plena época de la segregación racial. Sus gustos musicales sin embargo fueron distintos a los que desarrollé. No me habló de ellos, pero fue evidente. Falleció de cáncer recién cumplidos los 70 años. Fue profundo en historia y geografía, y hablaba y escribía un inglés y un español impecables. Por otro lado a mi madre siempre le ha gustado bailar, así como  escuchar a Madama Butterfly, de Pucccini. Pienso que de ella heredé el ritmo, así como ella lo heredó de su madre.

La música que me atrajo en mis inicios de la alta fidelidad fue cortesía de un amigo, un tanto menor que yo aunque más avanzado en los asuntos de la vida. Lo asesinó la Guardia Nacional en Nicaragua en tiempos de la insurrección contra la dictadura. Había regresado de los Estados Unidos donde estudiaba. Es decir, dejó los Estados Unidos para venir a morir por una causa justa. Lo capturaron y no habló. Por eso lo mataron.

Mientras estuvo en los Estado Unidos venía a Managua en sus vacaciones y traía discos que escuchaban allá los jóvenes universitarios. Mucha y muy buena música inglesa, estadounidense y afroamericana de finales de los años 60 e inicio de los 70 que dejaba en la casa, y que yo además grababa en casetes. En esa época yo estudiaba en la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, a poca distancia de donde vivía, y la gran mayoría de mis compañeros no tenía idea de todo eso. Yo estaba todavía aprendiendo. Era toda otra cultura.

Edgard Lang era el amigo de la referencia. Para él no existía la propiedad personal. Así como daba cosas sin pedir su devolución también tomaba cosas, y no solo no las devolvía, sino que las pasaba de manos. Una de esas cosas fue un libro con las obras completas de mi escritor preferido en esos años. Me lo había obsequiado mi novia Virginia con una dedicatoria significativa para ambos. No recuperé el libro por supuesto, y no tengo idea dónde fue a parar, pero espero que alguien más haya leído a Hermann Hess. Quisera tener ese libro de nuevo conmigo, el de la dedicatoria.


Cuando ingresé a la UCA, en Abril de 1970, estaba regresando de estudiar inglés en un programa intensivo de tres meses del Instituto de Lenguas (ELI) de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Allá se transmitía en la TV lo de la guerra del Viet Nam. Yo era solo un espectador, y nada más que eso, lo admito. Pero dejé de serlo cuando uno de los compañeros del apartamento que compartía, y su mejor amigo, ambos estadounidenses y estudiantes de postgrado, decidieron irse del país para evitar el reclutamiento militar obligatorio. 



Entendí que esa decisión fue por principios, y ambos eran seguidores de la música folk. Uno de ellos tocaba la guitarra acústica con la que acompañaba su canto. Lo escuché en uno de esos auditorios universitarios improvisados, por invitación de él. Por mi parte, fue en la Universidad de Michigan que tuve mi primer contacto en vivo con la música y los escenarios sicodélicos. Un tiempo después llegué a comprender ampliamente el impacto social y cultural que tuvo la guerra del Viet Nam en los Estados Unidos.

En Ann Arbor aprendí a hablar el inglés. Ya lo entendía pero no lo hablaba. Lo entendía porque mis padres usaban el inglés regularmente para comunicarse. Mi madre es de Nueva York, y mi padre, ya lo dije. A través de los años de colegio en Nicaragua había estudiado inglés y un poco de francés, pero no hablábamos lo aprendido. 


Fue pues en Ann Arbor que comencé a expresarme en la lengua anglosajona y a descifrar mejor, aunque con dificultad, los textos de las canciones que escuchaba. Allá conocí a una joven que cursaba el primer año de drama (teatro), originaria de Detroit (yo me acababa de bachillerar del Colegio Centroamérica de Managua). Fue una relación de amigos. Todavía la recuerdo adoslescente y con frenillos. Phyllis se llamaba. No sé si todavía anda por este mundo pero la recuerdo con afecto. Tenía una gran sensibilidad humana, me gustó éso, y mucho. Pienso que por ello fue que decidió estudiar drama en la U-M.



Pero fue hasta finales de 1975 que adquirí mi primer sistema de sonido, en Nueva Orleáns, Luisiana, donde estudié un postgrado y más (ver la entrada sobre Nueva Orleáns). La tienda de equipos de sonido era de jóvenes especializados, y para los universitarios. Los propietarios de la tienda recomendaban y vendían componentes para todos los presupuestos, y de excelente calidad. Los míos fueron un amplificador integrado Sony de 40 watts por canal sobre 8 ohms; tocadiscos Pioneer de transmisión de correa, con cartucho y aguja elíptica Audio-Technica; tocacasetes Kenwood (de nuevo, mejor el vinilo); y altoparlantes electrostáticos Janszen. ¡Qué sonido! Particularmente porque el área donde estaba el equipo era pequeño y tenía una alfombra gruesa de pared a pared, o casi.

Dicho sea, y no de paso, entre 1970 y 1972 ya había experimentado la cannabis sativa con regularidad; de excelente calidad además, es decir potente, made in Nicaragua, y a
provecho aquí para remitir a dos cursos gratuitos en línea sobre la historia del rock de la Universidad de Rochester:

https://www.coursera.org/course/historyofrock1 
https://www.coursera.org/course/historyofrock2

Los cursos valen la pena, sobre todo si se escucha en You Tube el todo o parte de lo sugerido por el instructor, y pueden ser seguidos al propio ritmo sin necesidad de responder a las preguntas ni hacer los exámenes (quizzes) si no se desea obtener un certificado digitalizado de participación. En este otro enlace se pueden explorar de manera específica los antecedentes del rock 'n' rolles decir su origen. Y sobre la música de otras partes del mundo ir a este enlace

Los cursos señalados se imparten de manera recurrente, pero solo en inglés, sorry.




Como dicho en el artículo sobre Nueva Orleáns, viví con mi esposa Virginia en esa ciudad cuatro años entre 1975 y 1979. Nueva Orleáns es una ciudad musical permanente y de música en vivo o para escuchar en la radio.

Entonces, para cuando adquirí mi equipo de sonido a finales de 1975 comencé a comprar discos y casetes de óptima calidad para grabar música de los discos de los amigos. La colección que logré hacer fue sustantiva y de distintos géneros musicales: jazz, blues, r&b, jazz europeo, rock, funk, pop, folk rock, country rock, bluegrass, jazz rock, blues eléctrico, acid jazz, acid rock, rock progresivo, punk, electrónica y un tanto de soul. Es decir, música que se escuchaba en el medio donde estaba, y otra que solo escuchaban unos pocos. Al menos eso creo, por aquello del jazz europeo y de la música electrónica alemana. La tienda donde compraba los discos y los casetes a precios para estudiantes se llamaba y se llama The Mushroom. Todavía existe en el mismo lugar, y todavía venden algunos discos de vinilo.

Varios de los discos que compré fueron de grupos que había llegado a conocer y a apreciar por medio del amigo que mencioné, el de inicios de los años 70. Sin embargo la gran mayoría  fue de grupos nuevos para mí. 
Sobre la calidad de la reproducción del sonido y la conservación de los discos y de los casetes grabados llegué a consultar revistas especializadas de la época. Aprendí mucho, y hoy esos discos están como nuevos. Pero bueno, hoy estamos en la era digital, y a nadie más que conozca le interesa el vinilo.

A este punto expreso que mientras estuve en Nueva Orleáns comencé también a comprender la dimensión cultural de la música cajun y zydeco, de otras partes de Luisiana no muy lejanas de Nueva Orleáns. Me gustaba cuando la escuchaba en las calles durante el Mardi Gras y en el Jazz FestEn las carpetas de música digital (mp3) de mi colección actual el cajun
 y el zydeco están presentes. 

Los conciertos que recuerdo a los que asistí en Nueva Orleáns fueron los de Little River Band, Dave Mason, Muddy Waters, Eric Clapton, Santana, Billy Cobhan, Billy Joel, B.B. King, Dave Brubeck, Andrés Segovia y Carlos Montoya. Por otro lado, la música propiamente de Luisiana la escuchaba en cualquier local, y ésos abundan en la ciudad.




P.S.: Suspendo por un buen tiempo la continuación de esta ciberbitácora para elaborar  http://culturalesgre.blogspot.com como prioridad. 

P.P.S.: El proyecto de ese sitio web me tomó dos meses y medio. Lo terminé el 15 Diciembre, 2013, y la presentación a la homenajeada se le hizo en pantalla grande de T.V. el 24. Misión cumplida, y ¡qué misión! Al 30 de Diciembre, 2014, el sitio tenía más de cinco mil visitas desde más de catorce países.