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15 de octubre de 2020

Lo riesgos del pensamiento



 

Los riesgos del pensamiento

(Artículo publicado originalmente en La Prensa de Nicaragua el 14/10/2020))


 “¿Y tú mujer qué sabes de mí?


No soy ni teórico ni académico. No tengo ni la disciplina ni el método. Solo pienso según experiencia propia; y me expreso según mis limitaciones. Intento sin embargo llegar a conclusiones que tengan sentido para mí, y quizás para otros. 

Soy contrario a Narciso, que diciéndolo claramente, me cae muy mal, hombre o mujer; y que por aquí abundan, los narcisistas digo, en particular los que pretenden ser semidioses de la verdad que han sido el todo y su contrario, y a los que dicen ser lo contrario de lo que fueron antes de 1990. 

Cuando el pensamiento libre fluye, se puede expresar por cualquier medio no censurado hasta la fecha. Quizás sea una expiación individual, aunque esperando de regreso las descalificaciones de rigor, porque la expresión libre comporta riesgos que se deben asumir con valentía: “Tenemos una sola cosa que describir: este mundo. Escribe lo que quieras. Di lo que se antoje: de todas formas vas a ser condenado”. (José Emilio Pacheco). 


Sobre narcisistas y semidioses, Jorge Bolaños Abaunza me dijo una vez, antes de irse de este mundo: “Los comandantes [narcisistas] se creen semidioses y no son más que unos culitos cagados”. La anécdota es real y ciertamente de cuando yo ya pensaba igual que él mucho antes de 1990. Aquí honro su memoria. 

Todo lo anterior me conduce a una realidad de la que no huyo, porque hay los que dicen que no fueron cuando sabemos que sí, como los censores de medios de comunicación en tiempos de Tomasito, entre otros. Cuando al censor se le dice la verdad salta como animalito, pues hay los que tienen cara dura para criticar, pero la piel muy sensible cuando viene la verdad de regreso. Reaccionan de manera furibunda, como oportunistas que son de cualquier situación política que pueda devenir. 

Recuerdo bien a los negros africanos en las Organizaciones de las Naciones Unidas en Roma. Pensaban que lo merecían todo – y se ofendían con facilidad– por aquello del tráfico de esclavos y la colonización europea. Al comienzo les creí, hasta que entendí que se trataba, con algunas excepciones, de mantener el poder de ciertas tribus sobre otras y de enriquecerse. Nada nuevo. 

Los africanos, como las tribus locales y regionales de aquí, se hacían la guerra regularmente para mantener un dominio territorial y tributario, y por tanto su modo de vida. Las deidades locales (de aquí) requerían sangre humana para mantener el equilibrio del cosmos, sangre que había que ir a buscar en las tribus vecinas. Por su lado, tribus africanas (allá) capturaban a vecinos de etnias igualmente negras, para venderlos como esclavos a comerciantes árabes, y siglos más tarde a comerciantes europeos que dominaron las rutas marítimas transatlánticas.

Fue ilustrativo ver en Roma a diplomáticos negros en lujosos vehículos conducidos por blancos. Es la revancha, pensé, por aquello que el comercio europeo de esclavos y el colonialismo son un anti patrimonio histórico de la humanidad. La esclavitud sin embargo es anterior a la propiedad privada (de la tierra), y se desarrolló como un negocio de Estado. Basta saber que fueron esclavos (conquistados) los que en la antigüedad construyeron obras públicas, incluyendo templos y pirámides para dizque dioses encarnados como reinantes.  

Esclavismo de Estado se le puede llamar, como al Capitalismo de Estado hoy. Y hacia el Esclavismo de Estado vamos de regreso en este desdichado país, si lo permitimos, dominado por ahora por una pareja de malvados, sus súbditos, sus fuerzas de seguridad y sus terroristas. Quedaría por tanto solo la familia reinante, que con sus esclavos construirían sus mausoleos a imagen y semejanza de sus símbolos mortales: los sapos y los zancudos de los que se alimentan, aunque pensándolo bien, los zancudos no podrían tener presencia en los mausoleos, puesto que ya se los habrán comido los sapos.



                               

7 de octubre de 2020

La Compañía de Jesús


La Compañía de Jesús

(Publicado previamente en el diario La Prensa de Nicaragua el 6/10/2020)


 “Para encontrarse a uno mismo primero se debe estar perdido”.

 

De los jesuitas vengo, así como mi padre y mis hermanos. Mi nombre de bautismo es Humberto Ignacio de Loyola. La estatua de Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, estaba en el Colegio Centroamérica en Granada (CCA) y está en la UCA Managua, donde igualmente estudié.

Mi padre me matriculó en el CCA (solo varones entonces) después de La Salle de Managua, cuando los jesuitas abrieron sucursal de primaria en la capital. En la sucursal cursé el quinto y el sexto grado. Para el primer año fui al internado en Granada donde se encontraban mis hermanos mayores. El mayor, Alejandro José, fue alejado de este mundo y de su familia a finales de junio, 2020, como consecuencia de la pandemia.

A mis hermanos mayores los respetaban en el CCA por aquello de ser buenos al pugilato. Desafortunadamente heredé esa fama, y tuve que demostrarla alguna que otra vez dentro y fuera del colegio, sin que yo fuera el provocador. Me fue bien sin embargo, y mantuve la fama. (Como anécdota, Noel Rivas Terán, quien falleció años antes que Alejandro José, lo llamaba anti establishment por su rebeldía legendaria).

En el internado en Granada aprendimos disciplina en un contexto de estudios, religión y deportes, algo así como una educación griega clásica. Salíamos los fines de semana para ir a nuestras casas y regresar los domingos al cine de la noche. Era en Managua donde socializaba con las jovencitas en fiestas y en sus casas. No había comprendido aún el porqué del CCA ni el de la Compañía de Jesús, pero una vez al año se nos permitía hacer disparates de adolescentes en el día del Rey Feo.

Fui feliz en el internado al inicio de mi adolescencia, y los jesuitas no se habían convertido al cambio social con aquello de los curas obreros y la teología de la liberación. Granada fue la época de la continuidad del franquismo en España, y del somocismo en Nicaragua. Pero mi hermano Alejandro José comenzó a contrastar a Somoza con la UNO de entonces, la de Fernando Agüero, desde que tenía 17 años. Los años del tercero al quinto (1966-1969) los cursé en Managua porque el CCA había dejado Granada por la capital, el centro del poder en el país.

Los jesuitas han sido históricamente expulsados de Europa y de América Latina, incluyendo Nicaragua, por revoltosos sociales y políticos, hasta que se apaciguaban. No es casualidad que la orden haya sido fundada en el Siglo XVI –por un militar vasco– como vanguardia frente al protestantismo (y los abusos del poder). Y por ahí andábamos en los años del bachillerato en Managua, pero se calmaron de nuevo después del fracaso de la revolución sandinista. Hoy tienen Papa después de Juan Pablo II, el enérgico y carismático polaco anticomunista; y de Ratzinger, el simplón teórico y aislado alemán, que renunció por no tener base de sustento.

Los jesuitas están ahora depurados de su experimento con la teología de la liberación, de la que alguna vez fui influido sin haber leído texto alguno al respecto. Cambiaron ruta cuando el general Arrupe y su estado mayor emigraron de Pablo de Tarso (judío-fariseo-converso), Agustín de Hipona (libertino-converso-griego) y Tomasito Aquino (cristiano-griego), a Carlitos Marx (judío-alemán), para incidir en la sociedad y cambiarla a través de nosotros los reclutas.


Ignacio de Loyola

Para el suscrito, José Antonio Sanjinés (q.e.p.d.) fue una referencia consecuente. De hecho, varios de los compañeros del colegio se fueron a cambiar la sociedad desde abajo uniéndose al FSLN, del que ya no queda nada. Ellos, los que salieron del EPS, pueden incidir en cambiar la sociedad desde arriba hacia algo mejor. Quizás se atrevan, o sus vidas y la de los muertos por la causa revolucionaria habrán sido inútiles.

Estamos a tiempo, mañana será muy tarde. Seríamos esclavos de una pareja de desquiciados, y no queremos eso. 


25 de septiembre de 2020

Doctor en Derecho

 

Doctor en Derecho

(Artículo publicado previamente en La Prensa de Nicaragua el 25/09/2020)


Me identifico en estos escritos como Doctor en Derecho porque así me gradué en la Universidad Centroamericana, Managua (UCA) en 1975. Continué con una maestría en derecho comparado en el exterior y otros estudios, y fui diplomático dieciséis años.

La maestría fue la de Master of Laws (LL.M.) en la ciudad preferida de William Walker, Nueva Orleans. Allá el título de abogado es Juris Doctor (J.D.), o sea Doctor en Derecho, que se obtiene después de una licenciatura de cuatro años (B.A.) y de tres años de derecho (J.D.). Luego sigue el LL.M. 

En el primer año en la UCA cursé historia de la cultura y la civilización, ideas políticas, organización social y del estado, filosofía, historia del derecho, economía y teología, pero también comencé con lecturas propias que contrasté con mi formación religiosa. Me alejé gradualmente del idealismo teológico y filosófico para acercarme al materialismo.


Por un tiempo en la UCA fui vago consciente y con calificaciones más que aceptables. Fue la época del cannabis; y me interesé más en aprender que en demostrarlo. En el transcurso de los años me fui desprendiendo de la filosofía de la angustia, la alienación y la nada, para quedarme con los sedimentos de la filosofía del absurdo. Marx el alemán, por otro lado, jamás entendió la naturaleza humana, y lo dejé hace mucho en el cajón de obras ya olvidadas.

Aclaro que después del bachillerato me fue ofrecida una beca para estudiar en la Universidad de Michigan. No la tomé. Decidí derecho en Nicaragua para entender ciertas cosas porque venía de la formación jesuita de la pre-revolución, de la que posteriormente se arrepintieron. Fue una decisión cultural la mía, con la intención de ir después al exterior y saltar a otros asuntos. 

Y salté a la diplomacia en la década de los 80 cuando regresé de la maestría, pero la diplomacia se fue a otra dimensión porque aquí no existe la profesionalidad en el sector público, solo la servidumbre; y yo no soy siervo de nadie.



En la UCA jamás pensé que ejercería la abogacía. La sola noción de ser abogado en una sociedad que rechazaba (dictatorial, desigual e injusta) me era repugnante. La ley y el derecho no eran relevantes, solo las relaciones de poder y del dinero. Hoy este asunto de la ley, el poder y el dinero es aún peor, y el todo me sigue repugnando. No hemos avanzado nada, al contrario, vamos hacia la barbarie que se expresa en la corrupción más descarada en las instituciones públicas, la impunidad, el adoctrinamiento, la propaganda burda, la represión, la cárcel y la muerte.

Aquí existe una familia que corrompió todo, y muchos son partícipes y cómplices para mantenernos en la sumisión. Es una involución histórica y cultural. No hay pensamiento crítico que no sea atacado por la caterva de siervos del régimen. Nadie puede pensar diferente de la familia, mucho menos expresarlo, ni puede haber avance social alguno sin rendirle pleitesía y agradecimientos a la pareja de ignorantes. Un absurdo en un país absurdo.


Si el capitalismo irrestricto es un monstruo que nos devora desde arriba, lo es también el socialismo. No hay sistema político y económico perfecto. Los nórdicos hacen sus ajustes libremente porque creen y confían en sí mismos, en su organización social y en sus instituciones. Es su historia, su cultura y su futuro.

Nosotros aquí no estamos bajo sistema ideológico alguno, sino bajo la lógica retorcida del poder de una familia dispuesta a todo para no dejarlo, y para mantener su riqueza mal habida. Son tan negados de intelecto que pretenden estar librando una batalla cósmica entre las fuerzas del bien y del mal, sin percatarse que el mal está en ellos mismos. 

No hay nada que celebrar en Nicaragua, más que lo absurdo del régimen, y la inexistencia de la ley, el derecho y la justicia.                             


3 de septiembre de 2020

Que pase el siguiente

 

Que pase el siguiente

(Artículo publicado originalmente en La Prensa de Nicaragua el 2/09/2020)


¿Desearían ver a la flaquita de Popeye el Marino en vestido de baño en una pasarela de Nicaragua Diseña? Podrían también pensar en el marido modelando pantaloncitos de marinero, aun si apoyado en un bastón.  

La respuesta a esa pregunta es la de cada quien en un país donde ya no van quedando jóvenes, porque se les mata, encarcela o se les envía al exilio. Me refiero por tanto a los viejitos que aún quedan, porque dejé de ser joven tiempo atrás, y no pretendo jugar al adolescente. La adolescencia solo regresa para hacer el ridículo.

Recuerdo bien en Roma a la esposa de un embajador, muy mayor ella, usando minifalda para enseñar sus piernitas, pintarrajeada la cara y llena de cachivaches para cubrir los pellejitos. Pensé que era una de esas que aunque ya viejita pretendía no aparentarlo. No era así, le valía, así quería vestirse porque le daba la gana. Era la esposa del embajador, y a él no le importaba.

Si uno hablada con ella se daba cuenta de inmediato que era una loquita. Me gustan los colores, pero no en una que hace el ridículo mostrándolos. Daba lástima. Nadie se atrevía a decírselo, habría sido descortés, pero entendió, porque no se le acercaban más que unos pocos. Decía que no le hacía daño a nadie, y era cierto, con la salvedad de una imagen grabada en la mente que provocaba pesadillas.

La loquita de aquí sin embargo procura daño y no le importa ni a ella ni a su marido, el de los pantaloncitos de marinero. Es una pareja de decrépitos. El enemigo dicen, está en el exterior, cuando está en sus mentes enfermas. Putin corre, caza, conduce tanques de guerra, se baña en aguas gélidas, muestra el torso y anda en bicicleta. Nadie dice cuántas mujeres tiene, cosa rara, porque en nuestra subcultura mientras más mujeres se tienen más hombre se es (pido disculpas a las mujeres conscientes). 

Popeye sin embargo no puede terminar coherentemente una frase, a no ser que hable de William Walker, el estudiado, culto y osado esclavista fosatero que llegó a ser presidente de Nicaragua. Seguramente Popeye lo admira y lo envidia en secreto, por lo de educado y culto digo, y porque hablaba inglés

Walker fue derrotado por la intervención de los ingleses y los dineros de Cornelius Vanderbilt, el de la Compañía del Tránsito, un yanqui de Nueva York. Los provincianos solo pusieron los muertos gracias a la perenne estupidez de los políticos de aquí. Todo esto lo puede explicar Popeye el historiador, si se atreve.



William Walker


Creo que hay mujeres a quienes les gusta que los hombres tengan a otras, incluyéndolas, pero no sus maridos. Algo así como un machismo a la inversa. Sería interesante averiguar cuántas mujeres (u hombres) tienen los del régimen. De las mujeres no me ocupo, sería descortés, pero igual les tienen expediente abierto para mantenerlas sumisas, y no por comprar campanas de bronce.

Los griegos antiguos se enorgullecían de su pedofilia, y sus mujeres lo toleraban porque así eran educadas. Las esposas servían para producir herederos legítimos, como en cualquier otra cultura de por ahí, hasta que se desarrolló en alguna parte, incluyéndonos, legislación por la que todos los hijos, dentro o fuera del matrimonio, son iguales.

Procreación responsable le llaman. De la flaquita de Popeye ¿cuál de los hijos será el ungido cuando el marido senil ya no pueda ver, como el Isaac bíblico?  Los hijos son iguales dice la ley, pero seguramente habrá uno más igual que los otros por voluntad de su mami.

En la leyenda bíblica la mujer de Isaac le jugó una mala pasada al marido senil, para que la progenitura le quedara a su hijo preferido. Maduro por otra parte, el hermano mayor, fue considerado inepto para ser heredero, y así quedó. Que pase por tanto el siguiente, quizás lo logre, porque los dioses son caprichosos, y los de la oposición también.


22 de agosto de 2020

En estado de sobriedad


En un lamentable estado de sobriedad

 (Artículo publicado originalmente en la Prensa de Nicaragua el 21/08/2020)

  

¨No había nada que estuviera en pie; solo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo No había nada dotado de existencia” (Popol Vuh). Las aguas entonces bajaron, y una pareja de animalitos apareció sobre la tierra, creció y se multiplicó.

Nicolás y Elena creen que estamos bajo los efectos tóxicos del poder, pero aborrecemos sus rituales: “porque todo lo que es abominación para Yahvé, lo que detesta, lo hacen ellos en honor de sus dioses; llegan incluso a quemar en el fuego a los hijos e hijas [de otros]. (Deuteronomio 12, 31). 

La quema ritual de niños en Canaán sirvió de excusa a las tribus nómadas israelitas para su conquista de territorio, que no duró mucho. Fueron llamados judíos después del regreso de Babilonia a la Judea (Reino de Judá) destruida por los caldeos, liberados por los persas (hoy iraníes), para ser frontera militar con Egipto. En Samaria y Galilea (Reino de Israel) no habían quedado israelitas, los asirios se los habían llevado a Nínive como esclavos y no regresaron. Hoy los judíos son frontera militar de los Estados Unidos con los persas.

Lo de Abram, o Abraham según cédula de identidad posterior, es la épica de un clan de nómadas y dioses anteriores, pero no se le dio el don de ver el futuro, como el derecho de las personas en Nicaragua de no ser calcinados en nombre de una pareja de alucinados. ¿Recuerdan el Carlos Marx? Para esta pareja de intoxicados los hijos de los otros son meros recursos naturales renovables.


El incinerador de niños en Canaán


El padre de Abram, con sus esposas, hijos, esclavos y ganado, había salido de Ur en Sumeria hacia la región de Harán, en el norte, en busca de nuevos pastos; luego Abram emigró con los suyos y un nuevo dios a Canaán, por las mismas razones. Ferdinand e Imelda no pueden emigrar, nadie los quiere, y siguen negando la realidad de la represión y de la pandemia para mantenerse en el poder. Para ellos el tiempo se detuvo después del suicidio de Abel, porque supuestamente jamás existió Caín, el representante de lo nuevo. Caín “suicidó” a Abel cuando ya Abel había dejado de significar la conjunción del poder económico con el poder político.

Quizás algunos del poder económico con otros del poder político y nuevos ricos, quieran reinventar otro Abel que restablezca el viejo orden acomodaticio. Pero el objetivo de los del poder económico –quienes operan en la sombra– no ha dado resultados a largo plazo. Ese objetivo desde el “Acta de los Nublados” de 1821 ha sido mantener el poder económico por medio del poder político, pero la rebelión callejera de 2018 los asustó a todos por igual.

A los del poder económico les corresponde ahora decidirse por el restablecimiento de la cohabitación con los del régimen, o por la ruptura definitiva. Quizás no logren ponerse de acuerdo con los demás en la Coalición Nacional, hasta que un nuevo levantamiento los mande a todos al Hades a continuar con sus discusiones.

En Bielorrusia decenas de miles de ciudadanos están contrastando en la calle al brutal dictador, el de las elecciones fraudulentas. No se está discutiendo en la calle, se está exigiendo que el dictador se vaya.

Pero por aquí anda Bye-Ardo, tratando de convencer a los consejeros del dinero a regresar al corral. “Y nada tiene de extraño que el mismo Satanás se disfrace de ángel de luz. Por tanto no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia”. (Segunda Epístola de Pablo a los Corintios 11, 14-15).

Dicho sea y no de paso, me encuentro en un lamentable estado de sobriedad. Si no lo estuviese diría que esos enviados solo saben repetir los rebuznos de sus amos. Esa es la fauna que amerita estar en el corral, con Paul el Ojo de Horus. Su tiempo en Berkeley se desvaneció. Ahí se discute verdaderamente sobre la izquierda, en el corral solo se rebuzna. 


12 de agosto de 2020

Sobre el racismo

 

Sobre el racismo

(Artículo publicado previamente en La Prensa de Nicaragua el 10/08/2020)

 

Nací blanco, muy blanco. Fui pelirrojo y pecoso, y después de 68 años de vida, 47 de los cuales en el trópico, tengo muy dañada la piel por exceso de radiación solar, y con tendencia a desarrollar cáncer.

Sol en exceso desde niño dice el dermatólogo. Siento orgullo, no por ser blanco, sino por entender la diversidad de las etnias en el mundo entero, y que la tez morena es más apta para tolerar los rigores del sol tropical.

En el colegio habíamos de distintos colores de piel, amigos todos, y recuerdo con gratitud a un compañero que nos invitó a un viaje a Bluefields con su padre. Fue la primera vez en mi vida que vi una comunidad de negros y de amarillos interactuando normalmente en una ciudad. Lo recuerdo, siempre agradecido. Si alguno piensa que decir negro, amarillo, rojo o enanitos verdes es anatema, entonces decir blanco lo es también.


Bluefields




Después del bachillerato fui a la Universidad de Michigan en Ann Arbor a estudiar inglés. Varios de los que habíamos ido a Bluefields estábamos ahí. Vimos en el campus a jóvenes blancas con jóvenes negros y viceversa. Normal.

En Ann Arbor nos encontramos con un nica en su último año. Nos invitó a una fiesta en su casa de estudiantes. Fuimos por supuesto. Era mi primera fiesta universitaria y había de todo. Allá se estaba con lo de la Guerra del Vietnam, la contestación social, el jipismo y la música distinta. No fumaba entonces. Eso vino después.

Uno de los amigos fue a una manifestación de blancos y negros contra la guerra, dispersada por la policía con perros y demás, me dijo. Ni cuenta me di. Yo estaba inocentemente aprendiendo el inglés con una joven como yo, nativa de Detroit, cerca de Ann Arbor. Estudiaba el primer año de drama (teatro) y tenía frenillos. No discriminaba a nadie igual que yo.

A los que estábamos en el instituto de inglés nos asignaron dormitorios con universitarios nativos, para que interactuáremos con ellos en el idioma que aprendíamos. A mí me correspondió un estudiante –blanco– de doctorado en ciencias políticas. Un día llegó un amigo suyo al dormitorio y ambos me revelaron que se iban a Canadá para evadir el reclutamiento militar obligatorio. Estaban en contra de la guerra en el Vietnam, y se fueron, igual que otros estudiantes negros. Era el mes de febrero de 1970, mes de mi cumpleaños número 18, y nevaba.

Años después fui a Nueva Orleans a un postgrado en derecho comparado o similar. En ese entonces la ciudad era mayoritariamente negra por motivos históricos. La discriminación vino hacia mí –de manera inesperada– por blancos locales por aquello de mi acento latino hablando inglés. Es decir, por ser distinto aún si blanco como ellos, o más blanco. Y en Roma, en mis tiempos de la diplomacia, conocí una tríada de jóvenes de Somalia, negras ellas hasta más no poder, y bellas. Una de ellas, la menor, de 20 años, más bella que cualquier blanca que yo haya conocido. Era perfecta.

Ignoro qué sucedió con esas jóvenes cuando regresaron a Somalia. No eran musulmanas y ya sabemos qué sucedió en ese país y aún sucede, como en otros países, por no ser musulmán ortodoxo, aún si del mismo color de piel.

A uno de mis hermanos sus amigos le siguen diciendo negro por afecto, y nadie en la familia se ofende por ello. Por otro lado la discriminación hacia el distinto ha existido siempre, y seguirá existiendo como resabio de nuestra larga evolución de animales territoriales. No es el color de la piel el origen de la discriminación y del racismo, esa es solo una excusa para pretender imponerse sobre los otros por la fuerza. Racistas típicos son Daniel Ortega y Rosario Murillo: el que piensa y actúa distinto debe ser sometido, incluyendo el símbolo de un crucificado, que paradójicamente, de blanco pasó a ser negro carbón.


Después del atentado terrorista



3 de julio de 2020

In memoriam

           
A Edgard Lang y Allan Rivas in memoriam 

(Este artículo fue escrito antes del fallecimiento de mi hermano mayor Alejandro José, el 27/06/2020 en un hospital de Managua en plena pandemia del coronavirus, y fue publicado en el diario La Prensa de Nicaragua el 3/07/2020)


In memoriam también, Alejandro José


Un magnate de los Estados Unidos a finales del siglo XIX dijo: “ve tan lejos como puedas ver; cuando llegues allí, serás capaz de mirar más lejos”. Se refirió a lo que se podía lograr en dinero y en poder supongo. Más dinero más poder, y así, hasta que los valores colapsan por no tener respaldo económico –la burbuja especulativa–, colapso que afecta a los que no saben jugar el juego, y nunca a los juegan con los dados cargados.

Edgard Lang y Allan Rivas, ambos amigos de juventud muertos en tiempos de la insurrección contra Somoza, tuvieron visiones antagónicas de la sociedad. Tuvieron en común sin embargo que no pretendían ni dinero ni poder, jugaron limpio sus apuestas. Uno quería que la sociedad cambiara y el otro que se mantuviera el statu quo. Ambos perdieron la vida y sus apuestas a juzgar por los resultados.

Edgard y Allan fueron de extracción burguesa, lo que eso signifique según la jerga marxista de entonces, con la que alguna vez me identifiqué, llegando a comprender “científicamente” más adelante que solo soy un pequeño burgués, aunque sui géneris, y me está bien. No veo a nadie hacia arriba ni hacia abajo, ni discrimino por el color de la piel.

Ni Edgard ni Allan ni el suscrito teníamos medios de producción pero sí acceso holgado a desarrollar una conciencia propia. Es natural que uno vaya recorriendo su propio camino en un mundo que se va descubriendo. Después de todo la realidad se manifiesta por sí misma sin idealizaciones imaginarias.

Edgard trató de reclutarme –sin decirlo– antes de irse a la clandestinidad, hablándome de la situación social del país. ¿Qué hay de nuevo? Respondí. El idealismo no lo descarté, pero no tenía claro nada, menos ir a lo desconocido dirigido por desconocidos. Se trataba de tener fe en quién sabe quiénes cuando ya no me ocupaba de mitos. Preferí quedarme en tierra de nadie antes que seguir el camino de otro.

Fue a partir del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro algunos años después, que estando en el exterior me decidí por el lado dialéctico de la historia, hasta que los entonces dirigentes de la revolución se convirtieron en su propia antítesis.

Allan murió en el campo contario al de la insurrección por ser leal a una familia. Esto fue lo que me dijeron los conocedores del asunto. Fue por lealtad, y le fue mal, igual que a Edgard con su lealtad con la causa revolucionaria. Ambos muertos a tiros como tantos otros. Edgard es uno de los Mártires de Veracruz, y Allan pasó a “otro plano de vida” sin que sea recordado públicamente. Aquí lo hago hoy, amigos ambos, inocentes de lo que vendría. Los demás amigos sobrevivientes e intelectualmente honestos ¿dónde están?


10 de junio de 2020

Immo vero nec dubio



Immo vero nec dubio


(En plena pandemia del Covid-19, publicado en La Prensa de Nicaragua del 22/06/2020)

Immo vero nec dubio (sin duda alguna) decía en latín el sello que mi padre estampó en sus libros; y ex libris (los libros de), a lo que agregó los apellidos de los hijos sin pretender que fuésemos ex libris de nadie, sino seres libres y honestos que pensásemos por nosotros mismos según las propias experiencias de vida, educación y formación. “Pienso que”, decía, y agregaba invariablemente que la decisión le correspondía a uno mismo. Libertad con responsabilidad fue lo que nos enseñó, y eso fue lo aprendido, nada fácil de administrar, la libertad digo, de la que ningún ser humano puede prescindir so pena de ser siervo de alguien.

En libertad se cometen errores que pueden tener consecuencias duraderas en otros, errores que se admiten para corregir ruta procurando reparar el daño. La servidumbre, aun si paradójico, no está fuera de esa ecuación. Si al siervo del régimen no se le permite tener criterio propio y actúa porque se le ordena, igual puede hacer daño. Sobre el mandante recae la responsabilidad principal, pero no excluye la del siervo, porque hay ofensas que no admiten perdón sino la sanción de ley.

Recuerdo a Klaus, de la entonces Alemania Oriental, quien me expresó, después de 1989, que si bien antes habían tenido aseguradas condiciones de vida aceptables (de allá), no tenían libertad, y que por eso se habían rebelado masivamente cuando pudieron, cuando ya el régimen no pudo enviar a sus siervos a reprimir y a matar a los contrarios. El miedo a la libertad ya no era una opción, y el régimen colapsó. 

“La verdad os hará libres” dice el texto, pero la verdad es antagonizada por la pareja del régimen (de aquí) al pretender tener la razón en todo, aún si contraria a la razón misma. Son meros seres vulgares que desde su alienación exigen obediencia universal, lo que magnifica su decrepitud, esa que no le permite respirar a los jóvenes ni a nadie más que los contradiga. “La necesidad de tener razón es el signo de una mente vulgar” (Albert Camus, autor de La Peste, 1947).




Es así que en el auto aislamiento he visto el todo sin censuras, incluyéndome, siendo la conclusión la misma, la justicia como imperativo, porque hay crímenes que no son redimibles. Sin justicia no hay paz duradera. Pienso por tanto que los siervos del régimen deberían verse en el espejo del daño que provocan, quizás así verían su inadecuación frente a la realidad. Pienso igualmente que deberían disociarse del régimen antes de morir por la pandemia, o por el virus de la ignominia. Pienso también que los de la oposición, la real, no deberían defraudarnos. 

Igual los libres seguiremos siendo libres.

1 de abril de 2020

La peste en abril de 2020


La peste en abril de 2020


(Artículo de opinión sobre Nicaragua)


Es tiempo de entender que la polarización política y la división social en el país no tienen razón de ser. No tienen razón de ser desde que se impuso el fin de la guerra interna y se procedió al desarme, aún si eso condujo al asesinato de líderes de la contra y a la posterior violencia generada, administrada y dirigida desde abajo por los del partido sandinista, que tiempo atrás habían sido motivo de orgullo en la región. Hoy no son más que matones cuyo único interés es mantenerse en el poder a cualquier costo, eliminando incluso físicamente cualquier amago de oposición al régimen.

Oposición real digo, porque los payasos prebendarios no son más eso, payasos de sonrisa triste (sin ofender a la profesión circense). Así van a ser recordados, como los más arrastrados entre los arrastrados, y se me viene a la mente un nombre entre los demás, el del diputado saltarín que ha sido todo y su contrario. Hoy es un furioso perro guardián de la pareja de viejitos del régimen y de sus descendientes. Se prepara ante la inevitable sucesión para seguir arrastrándose ante los hijos. 




Es un caso de patología política. No se ha percatado que la lealtad al reino no rima con servilismo. Los serviles cambian de bando a conveniencia, son seres despreciables y traicioneros, incluyendo al resto de bufones que pretenden creerle a la loquita que aquí no se transmitirá el virus.

En las próximas semanas y meses muchos vamos a contraer la enfermedad que produce el virus de la pandemia, e incluso fallecer. A los de la familia gobernante no les interesa más que cuidarse entre sí recluidos en su campamento rodeado de médicos cubanos. A los médicos nacionales les tienen pánico por la paranoia que la familia ha desarrollado desde abril del 2018, y más aún cuando saben que sería en extremo probable la contaminación si salen del campamento. Que envíen a los nietos al Rigoberto López Pérez para dar el ejemplo, que se atrevan, y que dejen de estar ordenando que sean los otros – los prescindibles– que vayan a los colegios públicos y a otros lugares a contaminarse.

Los tontos seguidores de la pareja, ¿van a seguir enviando a sus hijos a la contaminación? Háganlo para hacer el experimento que demuestre que el espiritismo de la loquita es más poderoso que la ciencia. Jamás en mi vida, de 68 años a la fecha, había escuchado tanta excreción salir de la boca de una sola persona.

“La inteligencia no se manifiesta por un determinado nivel de estudio, sino por la capacidad de guardar silencio cuando el ignorante hace ruido” (Stendhal). Por ello ahora guardo silencio. 

21 de marzo de 2020

Los diablos


Los diablos

(Artículo sobre Nicaragua antes del coronavirus)

“Dejad toda esperanza vosotros que entráis”. (Dante Alighieri, inscripción en la puerta del infierno). 

Los diablos habitamos en el infierno. No debemos preocuparnos por la condena adicional de la señora dueña de las deidades del falso templo. Salimos a joder por nuestra voluntad, porque somos rebeldes frente a la tiranía. Lo hacemos para diseminar la protección a los derechos de las personas, la vida, la libre expresión, la protesta, la libertad de movilización, la no detención arbitraria, la libre elección de quienes deben administrar el país (no gobernarnos); derechos todos consignados en la gran ramera del régimen, la Constitución Política.




Los diablos no existimos para regresar a nuestra procedencia, no por un buen rato. Somos diablos a tiempo completo, para eso hemos sido educados y formados, para rebelarnos a la opresión de la pareja de paranoicos esquizofrénicos. Sus descendientes son ángeles según la pareja, los que deberán sostener el reino para la eternidad después de su partida. Así se profesa entre los ignaros, ésos que intuyen que la pareja caerá, pero que no tienen más alternativa que seguir la corriente de los falsos profetas so pena del destierro, perder el cargo, el dinero, y los privilegios.

Cuando estén frente a la puerta que dice “dejad toda esperanza vosotros que entráis”, quizás llegarán a entender que hay ofensas que no se perdonan y mucho menos se olvidan; y llorarán atravesando la puerta. Serán las últimas lágrimas derramadas sobre la descendencia de los inocentes, la de los nietos que dejarán atrás.

Para entonces será tarde. Aun así el virus no va a entrar al reino según la sacerdotisa invocadora de sus deidades. Si entra y se disemina el régimen se seguirá yendo al carajo (expresión de Hugo Chávez, el Comandante Eterno). No habrá ingresos por turismo ni demanda de nuestras exportaciones. Por eso la majadera marcha de expiación de los ignaros del régimen y la estúpida recepción a los turistas de los cruceros, exponiendo a niños y adolescentes a la contaminación pero no a los de ellos. ¡La conservación del poder bien vale otros cuantos muertos! No los suyos.

Que se contaminen los padres, hijos y nietos de los que deben favores a la pareja y que callen. Gracias Daniel, gracias Rosario por esta contaminación siempre bendecida. Se acepta con humildad, y aunque nos costará enterrar a los propios en sus nombres, lo haremos con alegría al son de la marimba.

Dante Alighieri fue un genio, no como la mediocre de aquí, pero los ignaros tienen que marchar a su orden. Y en la puerta del infierno los que irán pasando seguirán leyendo la inscripción del genio, “dejad toda esperanza vosotros que entráis”.

10 de marzo de 2020

Ernesto Cardenal


Ernesto Cardenal


(Poeta nicaragüense, articulo publicado en el diario La Prensa de Nicaragua el 12/03/2020)


“Me gustan las personas que dejan huella, no las que dejan cicatrices”. (Dalai Lama).

Estuve en la Catedral de Managua en la misa de cuerpo presente de Ernesto Cardenal, la del agravio. Fui porque lo conocí personalmente y siempre lo respeté. Lo conocí en Solentiname en mi adolescencia por vía de un sobrino suyo, compañero de colegio. Propuso un viaje a las islas y por supuesto fuimos, más por sentido de aventura que por otros motivos, al menos en mi caso. Tenía sin embargo una buena idea de quién era Ernesto Cardenal, y que en Solentiname había una comunidad donde profesaban la Teología de la Liberación. Igual teníamos inquietudes sociales como cualquier adolescente formado en valores, en este caso en el Colegio Centro América, y a mucha honra.


Sobre la Obra de Ernesto Cardenal

Nos embarcamos en Granada al atardecer. Fue en un vetusto mastodonte flotante jamás visto en mi vida que cruzaba el Cocibolca por la noche, para llegar a San Carlos al amanecer a un mundo para mí desconocido. Después en panga a Solentiname, y fue así que entré a un mundo mágico que resultó ser real. Muy real.

Participamos en las actividades de la comunidad y allá se encontraba en ese entonces Róger Pérez de la Rocha. Después la misa, y en las noches las lecturas de los salmos y otros textos. No se duerman muchachos –nos decía Ernesto– cuando veía que se nos cerraban los ojos por el sueño. Dormíamos en el suelo en esos sacos para dormir que habíamos llevado, los mismos que usamos para dormir en el piso del vetusto mastodonte flotante.

En una de esas fuimos de excursión al punto más alto de la Isla Mancarrón. Debimos pasar entre zarzales poblados por los mosquitos más grandes de he visto en mi vida. Se nos pegaban detrás de las orejas, y como íbamos en fila, el de atrás se ocupaba de espantar los mosquitos del que iba adelante. El que venía de último se las arreglaba como podía.

Durante años seguí encontrando a Ernesto y siempre lo saludé, cruzando alguna que otra frase. Siempre amable y afectuoso. Conocía ya muchas de sus obras desde tiempo atrás, y por supuesto de su estatura universal y revolucionaria.


Ernesto Cardenal en la Isla Mancarrón

Al salir de la misa de cuerpo presente de Ernesto, uno de esos enviados por la pareja de hipócritas y obtusos del falso templo, atacó a una joven mujer que llevaba un cartel. Otro joven se interpuso valientemente para protegerla. El energúmeno arremetió y el joven se quedó frente a él mirándolo a los ojos, pero no respondió, no cayó en la trampa o surgía el caos. El energúmeno se retiró y quedó como el cobarde que es, lo mismo que su pareja de mandantes. Ese joven es un héroe. Estuve ahí. 

29 de febrero de 2020

Si el Nazareno llegase a la Asamblea Nacional



Si el Nazareno llegase a la Asamblea Nacional


 (Artículo sobre Nicaragua publicado el 3/03/2020 en el diario La Prensa)


Si Jesús de Galilea, el Nazareno, fuese hoy a la Asamblea Nacional ¿qué le diría a los diputados donde se invoca el nombre de su papá? Olvídense de Sandino  por ahora, teósofo, liberal y anticomunista.

Según textos en griego del siglo primero de nuestra era que provienen del arameo oral de la región, después de su ejecución, el recién resucitado Jesús se le apareció a una mujer seguidora de sus enseñanzas. Ella lo reconoció y le creyó, y de prisa fue a decirlo a los varones del círculo, que por temor a represalias, persecución, cárcel y muerte, estaban reunidos en clandestinidad. No se percató que ella sería desplazada por ser mujer. Los discípulos no habían frecuentado la escuela de los colores pasteles, ni habían sido iluminados por la luz de la señora de los anillos, la del 50% en virtud de una hija entregada.

Imaginen entonces a Jesús en vida en lo que quedaba del Templo de Salomón –el primer templo– destruido por los babilonios en el siglo sexto antes de nuestra era, reconstruido por Herodes el Grande –el segundo templo–, destruido nuevamente por los romanos en el año setenta de nuestra era. En el momento del Jesús de los restos del primer templo (metáfora), estaba ocupado por cambistas, prestamistas y vendedores de ilusiones, los de las aves para el ritual de expiación de los pecados y otros animales de sacrificio. No recuerdo bien.  

Imaginen ahora a la Asamblea Nacional, una de las sucursales del falso templo local después de su derrumbe por voluntad de los que también rechazamos la esclavitud,  la que nos pretende imponer la pareja de falsos profetas con sus legiones de guardianes reclutados en el interior, adiestrados para odiarnos, a modo de los de la EEBI.




Seguramente hoy el Nazareno diría que la Asamblea ha sido convertida en una cueva de ladrones, y repartiría látigo. No estoy cierto de sus palabras en los escombros del primer templo de entonces, ni de donde obtuvo el látigo, solo hago referencia a la tradición. Cueva de ladrones, eso fue lo que dijo en arameo, y después lo mataron por incómodo. Y no fueron los romanos, los ocupadores imperiales, sino los del poder local por temor a una insurrección y a su destronamiento.

Resultó sin embargo que Jesús no estaba interesado más que en la salvación de las tentaciones del poder terrenal, y en la construcción de una sociedad mejor y justa. ¿Dónde? Ni idea, pero dicen que dijo que los que no llegasen a ella irían eternamente a la gehena.

Los que no son ladrones en la cueva de la Asamblea, renuncien a la misma, ahora. O como buenos creyentes en el dinero y los privilegios del poder, quédense. Siempre hay hipócritas y oportunistas, y no solo es esa cueva. Hay otros que quieren entrar.